Bitácora de un inmigrante
- 16 abr 2017
- 1 min de lectura
Hoy he llegado desde muy lejos a este barco, solo esperando poder encontrarte cuando termine mi viaje. Me han acompañado esos recuerdos a los que me aferro y siento que no puedo perder.
Ha pasado mucho tiempo y continúo en este barco, ya no encuentro la diferencia entre el límite de lo realmente vivido y de lo que mi mente le ha sumado producto de mis desequilibrios alimenticios, de no saber nada sobre el espacio y de ni siquiera conocer el tiempo transcurrido.
Solo puedo aferrarme a cada persona que me toca, que pasa tan cerca, con tantos motivos, con tantos sentimientos.
El sol no ha vuelto a pasar por acá, las maletas se nos confunden, las lágrimas no salen, el silencio hace eco de nuestra única forma de comunicación: “la mirada”.
Nuestras almas se conectan con nuestros ojos y transmiten a otros ojos con las cruces vividas, la incertidumbre encontrada, el anhelo que nos mantiene vivos, aunque cada día se nos vean más los huesos.
No queda comida, no queda agua. Quién sabe cuándo volveré, ¿pero a dónde? ¡No tengo nada! Soy un náufrago perdido, soy un punto en tu mirada.










Comentarios