Deseo
- 16 abr 2017
- 1 min de lectura

Cada día trato de pensar en mí, en mi relación conmigo.
En cómo me trato y me entiendo, en cómo me converso y me tengo en cuenta. En cómo me valoro, me cuido y me regalo momentos para estar conmigo, en cómo me esfuerzo para lograr lo que quiero, en cómo irrumpo, me adapto o transgredo y supero los obstáculos.
Ocuparme de mí no solo es parte de amarme, también es amar a los demás, porque solo conectándome conmigo a través de la meditación o simplemente compartiendo mi silencio con la naturaleza, saliendo con amigos o disfrutando un tiempo en familia, puedo escucharme a mí misma y sin seguir ningún dogma, sistema o estructura pre-existente, sólo a mi esencia, comienzo a cultivarme en las áreas emocional, intelectual, física y espiritual para ponerlas al servicio de los demás.
Realmente trato de ser fiel a mí misma y cuando realizo actividades que me hacen sentir que hay una fluidez natural, es porque corresponden a mi propósito, a ese que ayudará verdaderamente a los demás seres y es en esos momentos cuando me siento yo, y realmente a gusto conmigo.
Desarrollemos nuestra intuición siendo más conscientes de cada acto que hacemos, más sensibles, empáticos, amorosos e inclusivos, pero sobre todo escuchémonos, nuestra esencia es lo primordial y allí es donde habita la luz que nos inspira, aquella que se conecta con la universal y que nos guía en el paso a paso, en el día a día.






Comentarios