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Del inconsciente al consciente, parte 1

  • 23 oct 2018
  • 1 min de lectura

Y es que nací de la nada

y de la oscuridad infinita.

Solo de ellas me engrandecía

y sus energías me alimentaban.

Luego una luz vi

y pronto la perseguí,

pero no la podía atrapar

hasta que me detuve y vi,

que era mi oportunidad

para dejar de atesorar

lo que no me hacía feliz.

Entonces fue que comprendí

que tenía que devolver

todo aquello que sin sentido había acumulado

y que no podía ver.

Y sólo así logré

que la luz se acercara a mí.

Fui pequeña otra vez

y pronto me llené

de la luz más blanca que pude ver,

la que me llenó y me hizo reír

solo con poner en mí

un sombrerito feliz.

Luego a la tierra bajé

en un remolino de amor,

cuya frecuencia de vibración

me indicó el camino directo

para encontrar a mis padres hoy.

“Hoy” llamo a esta vida que encontré

con la luz en la que vibré.

Muchas formas me acompañaron

ángeles, maestros y hasta lagartos,

que convivían tranquilamente con serpientes

en aquellas cuevas y en los lagos,

donde antes fui también un hombre

que no podía caminar erguido,

pero que saltaba contento

hasta encontrar su nido,

cuando por fin el día había caído

y con la oscuridad recordaba a aquel lugar

de donde había venido.

Cuan antigua que es mi alma,

cuantas experiencias he vivido

y en esta quiere que cante

para poder sanarme

y encontrar así el alivio,

a todos los miedos y mandatos

que con las batallas luchadas

ingresaron en mi cuerpo y lo llenaron de frío.

Fue así como congelado

se fue sabiendo perdido

y ahora debe recuperar su esencia

y también su preciado brillo,

para continuar iluminando

mis pasos por mis historias

y si entonces alguien quiere

fabricaré con mi luz más sombreros

para que iluminen la oscuridad

de quien se los ponga

y así transformen sus formas en otros modelos nuevos

y en maravillosas memorias.

 
 
 

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